(SALTA).- (Por Diego Nofal).- La reelección de Soledad Farfán al frente de la UCR de Salta con el respaldo de más de trece departamentos confirma una conducción partidaria que, lejos de fortalecer una alternativa opositora, profundiza la dependencia de la estructura radical respecto del gobierno de Gustavo Sáenz. La diputada provincial fue ratificada por la Justicia Federal y continuará al frente del centenario partido por un nuevo período.
El respaldo territorial que exhibe Farfán no oculta las tensiones internas que llevaron a la UCR salteña a transitar un proceso de internas y de disputas por el sello partidario. La relación con Sáenz fue uno de los ejes de la discordia y la conducción finalmente impuesta no termina de despejar las dudas sobre la autonomía del radicalismo frente al poder provincial.
La nueva conducción estará integrada por dirigentes de distintos puntos de la provincia, pero la presencia de figuras alineadas con el saencismo en los espacios de decisión genera interrogantes sobre la capacidad real de la UCR para construir una plataforma electoral diferenciada. El radicalismo corre el riesgo de convertirse en un apéndice del oficialismo y de perder el perfil crítico que su historia le demanda.
Farfán destacó el acompañamiento de referentes nacionales como Leonel Chiarella, Martín Lousteau y Maximiliano Pullaro, pero ese respaldo no se traduce necesariamente en una estrategia provincial que cuestione las políticas del gobierno de Sáenz. La UCR tiene la oportunidad de ser una voz alternativa en temas clave como la salud, el transporte y la transparencia, pero hasta ahora no ha logrado articular un discurso que marque diferencias sustantivas.
La política salteña necesita partidos fuertes y con identidad propia, no estructuras que se plieguen a los intereses del Ejecutivo de turno. La reelección de Farfán puede ser un punto de partida para reconstruir el radicalismo, pero también puede ser la confirmación de una conducción que prioriza la gobernabilidad interna por encima de la construcción de una alternativa real de poder.
El desafío para la UCR de Salta es recuperar su rol de fiscalización y de propuesta frente a un gobierno provincial que acumula conflictos sin resolver y que no rinde cuentas con la transparencia que la sociedad exige. Farfán tiene en sus manos la posibilidad de torcer ese rumbo y de devolverle al radicalismo una voz propia y reconocible en el debate público salteño.









