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Salta

Gustavo Sáenz y un triunfo pírrico

El gobernador Gustavo Sáenz ha cumplido con sus patrones entregándoles dos peones para el tablero legislativo “K”.

Gustavo Sáenz con Alberto Fernández
Gustavo Sáenz con Alberto Fernández
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La elección de medio término celebrada en la jornada de ayer dejó en claro la debilidad del gobierno de Salta que encabeza Gustavo Sáenz. A diferencia de aquella victoria del año 2019 que lo consagró gobernador donde se puede decir que la ganó él en base a carisma y una cuota de guapeza, dos años después, Sáenz “ganó” debiendo recurrir a las herramientas de la vieja política: el apriete a los intendentes y un apurado “Plan Platita”.

Hasta hace tres semanas atrás los números de las encuestas le eran esquivos a Sáenz, o al menos preocupantes ya que todo indicaba que de tres bancas sólo podría ganar una, la de Emiliano Estrada quien según la fuente ingresaría segundo o tercero.

En una operación política al mejor estilo de Juan Manuel Urtubey quien antes de cada elección reunía en concilio a los intendentes y legisladores para arengarlos es la que debió ejercitar Gustavo Sáenz apandillando al rebaño político en la localidad de Cerrillos donde descerrajó amonestaciones y sermones muy duros contra intendentes que venían remisos en el apoyo a los candidatos oficiales.

Sólo con las amenazas y una suculenta caja electoral más la puesta en marcha de todo el aparato estatal con vehículos oficiales repartiendo bolsones pudo el gobierno de Salta comenzar a comprar voluntades para ganar espacios que hasta allí parecía que Juntos por el Cambio le venía arrebatando.

Si bien es cierto el resultado fue el pretendido logrando que Emiliano Estrada y Pamela Calletti ingresaran a la Cámara de Diputados de la Nación relegando al tercer puesto a un pintoresco Carlos Zapata que blandía la famosa pala amarilla de su jefe inmediato, Alfredo Olmedo –que jamás la utilizó-, junto a un Juan Carlos Romero que apadrinó esa “Entente”, todavía no existen números definitivos.

Ocurre que a diferencia del voto electrónico que concluye en minutos en resultados inapelables, el voto papel devuelve la situación a los tiempos en que se pelea voto a voto. En la Capital solamente habría 34.644 votos en blanco (12,29%) y en discusión unos casi 2.000 votos (0,89), más recurridos e impugnados además de actas literalmente “lapicereadas”, lo cual no zanja un posicionamiento definitivo que estaría recién hacia el fin de la semana.

Lo que sí queda absolutamente claro es que ha terminado el zigzageo de laucha de Gustavo Sáenz quien se ha pintado íntegramente con los colores del Frente de Todos, es decir, el kirchnerismo ha ganado un gobernador más para su causa. Hilando fino, Sáenz llega tarde a la fiesta porque se pone la camiseta nacional oficialista en el momento en que el Frente de Todos comienza su decadencia. ¿Acaso una premonición para su gobierno?

El gobernador Sáenz ha cumplido con sus patrones entregándoles dos peones para el tablero legislativo “K”, pero hay que tener claro que este triunfo es coyuntural y se agotará en los próximos e inmediatos meses cuando el gobierno de Salta continúe sin dar respuestas a los urgentes problemas sociales que acosan a los salteños como la seguridad, la violencia de género y los femicidios, el desastre educativo y la creciente falta de trabajo genuino, sin contar que la pandemia de Covid amenaza al rescoldo con potenciarse sin que el sistema de Salud Pública se vea preparado para sostener otra arremetida de la epidemia.

Por el eso el triunfo es pírrico, muy costoso y nada redituable en términos políticos ya que si no se resuelven a la brevedad estos temas la reelección de Gustavo Sáenz en 2023 será sólo el sueño propio del gobernador y de un séquito que todavía vive alejado de la realidad.