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Opinión

Para bien o para mal ¿Sirve el Pacto de Güemes para Salta?

El “Pacto de Mayo”, esa mascarada impulsada por el presidente de la Nación, Javier Milei, ya podría considerarse una mano de naipes perdida, al menos por ahora.

gustavo saenz

SALTA – Por Matilde Serra – El “Pacto de Mayo”, esa mascarada impulsada por el presidente de la Nación, Javier Milei, ya podría considerarse una mano de naipes perdida, al menos por ahora. Pero aunque se celebrara en junio, o se eligiera el emblemático 9 de Julio, de todas maneras el efecto de impacto ya se ha perdido. A nivel local, Gustavo Sáenz apela a la «unidad» con un Pacto de Güemes.

Ese Pacto convocado por Milei tenía más de puesta en escena al estilo de las decapitaciones de la Revolución Francesa; porque se trataba de convocar a la mayor cantidad de gobernadores posibles y bajarles la guillotina en el momento en que firmaran ese papel, o en realidad, ya asistirían con la testa cortada desde antes, porque obviamente, ninguno iría a “ver qué pasa”. Todos irían a poner la rúbrica a una serie de acuerdos preestablecidos donde seguramente las provincias terminarían perdiendo.

Los berrinches del Senado Nacional contribuyeron a “empiojar” la cosa. La detención del proyecto de la Ley Bases luego de una espinosa discusión en Diputados, desdibujaron ese ambiente previo y proclive a firmar lo que Milei proponía.

Una oportunidad para respirar aire fresco

En todo ese conjunto de irresoluciones, en medio de esa maraña de inexactitudes, uno de los que había quedado más dañado era el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, que luego de algunas bravatas de  carácter histórico-religiosas, se vio desolado y obligado a entregar la cabeza de sus diputados nacionales (no entregó mucho, hay que decirlo), que votaron a favor de la Ley Base ganándose la furia de los salteños y en particular de los propios peronistas que sin pudor pidieron la cabeza y la expulsión del Partido Justicialista de Pablo Outes, Pamela Calletti y la insípida, Yolanda Vega.

Por otro lado, Sáenz, venía abollado luego de tres derrotas consecutivas el año pasado, la más importante frente al candidato de La Libertad Avanza que lo cepilló -literalmente- junto a su crédito, el ex super ministro, Sergio Massa.

Otro factor concomitante era el abandono de las lealtades que durante cuatro años habían jugado a su favor en todas partes. Dentro de su mismo círculo más cercano no pocos habían dado la orden de votar por Milei. Sus ministros, en su mayoría incapaces políticos habían perdido hasta estrepitosamente en los territorios asignados. Dentro de la Legislatura las aguas se habían dividido todavía más y ya no se podría continuar confiando de la misma manera en algunos que habían llegado allí por la bendición de Sáenz y algunos sectores políticos, financieros y empresarios. Y en esto Sáenz, tenía razón.

Por último, otro tramo de las desgracias del gobernador Sáenz tenía que ver con el decadente gabinete que sostiene y las críticas que le valió la inentendible incorporación (¿premiación?) de Mario René Mimessi, un individuo que viene de perder estrepitosamente las elecciones en un municipio clave como es Tartagal, pueblo al que dejó en la misma miseria. Todavía nadie comprende este “premio”.

Con este panorama interno, y hay que reconocer que quizás se esté frente a un rapto de lucidez muy extraño en este gobierno, algunos del entorno le aconsejaron repetir la fantochada que Milei iba a producir en Córdoba, pero en Salta, al “uso nostro”. Y nada hay más “nostro” que la figura del General Güemes.

“Armemos un Pacto”, dijo alguno. “Relancemos a la Gestión”, dijo otro, y algún otro más escondido aún pero así también con más intelecto que la corte de genuflexos que Sáenz gusta de mantener, le propuso un “Pacto” que involucre a la figura de Güemes. Porque nada hay más redituable que subirse al caballo del Prócer Gaucho.

Convocar a la ciudadanía de Salta a firmar un “Pacto” y más todavía invocando al General Güemes, puede “garpar”; es como una suerte de “Olla Pirula” donde se vierte un revuelto de carnes y verduras, se cuece todo y se consigue un tulpo que se podría rotular como el título de aquel bolero: “Con sabor a nada”.

Insípido, incoloro, pero potable para poder distraer un poco la atención y reformular acuerdos que permitan posicionar a Sáenz como un referente norteño medianamente potable.

¿Para qué convocar a un Pacto?

Es la única manera de ponerle algunas curitas a las enormes heridas que tiene el gobierno saencista era pedir ayuda a los que saben, tienen y pueden. ¿Quiénes son? Los ex gobernadores inmediatos: Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey. Claro, los honorarios de esas consultoras no son económicos.

Esto es lo que en la jerga se llamaría “una operación de alta política”, porque para el pueblo se vende el relato de que se convoca al Pacto para defender el federalismo y tiran al ruedo de la justificación la figura del General Martín Miguel de Güemes como un ejemplo de un hombre que lo dio todo por la Patria, que siendo rico y noble terminó sus días en la pobreza y en una madrugada de feroz invierno bajo un cebil. Todo lo contrario de lo que han hecho todos durante décadas.

Pero claro, la necesidad política de fortalecerse obligó al gobierno de Salta a montar este espectáculo donde tallan también José de San Martín y Manuel Belgrano que lucharon por una “Argentina independiente, soberana pero también justa, libre y equitativa por sobre todas las cosas”. Evidentemente Sáenz tiene muy malos asesores en materia de historia porque ninguno de los próceres luchó “por una Argentina” ya que en esos días esa “Argentina” no existía y ellos peleaban para repeler al enemigo extranjero y formar una patria de alcance sudamericano, pero esto es un concepto sobre el que no vale la pena abundar.

Además del federalismo, otro concepto que viene montado en el relato es el de la coparticipación que no es equitativa, lo que claro, nunca lo fue. El tracto final del relato de Sáenz, sobrevoló las bondades del Norte Grande, una entelequia a la que jamás supieron darle forma orgánica, más allá de reuniones, comidas y brindis que cierran días de promesas jamás cumplidas.

El final de ese relato no tiene desperdicio porque Sáenz rubrica su repetido discurso diciendo que “No tenemos por qué andar pidiendo limosnas en Buenos Aires, que nos den las obras para poder seguir creciendo”. Es un extraño concepto este el de pararse a lo gallito desde una dialéctica vacía de contenido toda vez que cuando tuvo la oportunidad de hacer valer sus reales terminó entregando la posición ordenando que sus diputados levanten la mano a favor de las pretensiones centralistas del gobierno central.

¿Una Operación para recuperar espacio y poder?

Solamente alguien que vive en un Tupper, como suele decirse, no se daría cuenta en algún momento de que se está quedando solo y en el caso de un gobernador, además, sin poder. Desde un tiempo antes a la celebración de las elecciones que consagraron a Javier Milei como presidente de la Nación, es que el deterioro interno del gobierno de Salta comenzó a manifestarse.

Hasta los más íntimos lo admitían y por lógica, el gobernador, lo sabía. Pero “se durmió la siesta”, tal él mismo lo dijo y así no sólo perdió su amigo, Sergio Massa, sino que también él terminó menguando su poder. A eso, sumado, malas decisiones y peores nombramientos, el cuadro de crisis estaba pintado.

Se agregaba otro problema más grande todavía, un presidente en la Casa Rosada, que sentía poco o ningún aprecio por los gobiernos provinciales dentro de los cuales el de Salta encabezaba la lista ya que tenía una clara identificación con Massa. Entonces había que hacer algo.

Hay que admitir que visto de esta manera el llamado al “Pacto de Güemes” es una jugada inteligente, porque es barajar y repartir de nuevo. Con eso se obtienen dos resultados, por una parte poder sacarse de encima -si es que lo hace- a los elementos perniciosos de su gobierno y por otro lado reacomodar los espacios de poder.

Según cercanos, la movida más elocuente de este reacomodamiento del poder en Salta fue la reunión con los ex gobernadores, Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey. Acomodada la carga más pesada, lo que sigue son movidas menores.

También este Pacto le sirve a Sáenz para mostrarse con mayor firmeza ante la Nación ya que la idea original de que hubiera una firma con gobernador no anduvo, así que con esta firma Sáenz reafirmará su provincialismo y fortalecerá su imagen interna, algo que ya utilizó en 2022.

Por estas horas ya circula un borrador de este ‘Pacto de Güemes’ entre instituciones intermedias, partidos políticos y cámaras de empresarios en la idea de que tomen nota y vayan firmando. Además, todos podrán insertar sus críticas o abonar algunas ideas que contribuya una mejor gestión.

Por último, el gobernador Sáenz hasta abrió una cuenta de Tik-Tok, desde la cual llama a una crítica equilibrada y pacífica mientras advierte contra los que hacen “política basura”, como se diría, muy diplomático lo suyo.

Dentro de unos días el pueblo de Salta en la persona de sus representantes tendrá oportunidad de asistir a otro evento político que ojalá resulte en bien de la comunidad, aunque hasta ahora como viene todo, suena aquella sentencia clásica: “Res non Verba”, o sea “Hechos, no palabras”.-