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Salta

Se viene otra temporada turística para el olvido ¿Sigue Manuela Arancibia?

El termómetro turístico de Salta marca frío, un frío inusual y preocupante para estas fechas.

Manuela Arancibia

SALTA – (Diego Nofal).- El termómetro turístico de Salta marca frío, un frío inusual y preocupante para estas fechas. La provincia se encamina hacia otra temporada alta, la de invierno, con pronósticos más que desalentadores. La ilusión de llenar hoteles y atracciones se desvanece frente a una realidad cruda. El entusiasmo de otros años brilla por su ausencia, reemplazado por la incertidumbre y la inquietud de un sector clave para la economía local. Los números preliminares no mienten, pintan un panorama sombrío, para Salta y para la ministra de Turismo Manuela Arancibia.

Hace apenas un puñado de años, cuatro o cinco no más, la situación era diametralmente opuesta. Para esta misma época, avanzando hacia finales de junio, la capacidad hotelera de Salta ya mostraba índices de ocupación envidiables. Julio, el mes estelar, solía estar prácticamente colmado con mucha anticipación.

La demanda era robusta, constante. Este año, sin embargo, la historia es otra. Solo julio logra arañar la categoría de temporada alta. Lo peor, las reservas apenas rozan un magro sesenta por ciento. Este nivel de desocupación anticipada es un dato inédito, un récord amargo para los últimos ejercicios.

Manuela Arancibia prometía mucho, pero sólo fue promesa

Las causas de este declive súbito son múltiples, un cóctel de factores que golpea a la industria. Muchos observadores señalan, con razón, el impresionante dinamismo y crecimiento turístico de la vecina Jujuy. Su oferta se ha renovado, potenciado con atractivos de primera línea que capturan la atención de los visitantes.

La competencia es feroz y Jujuy está ganando terreno visiblemente. Pero la explicación no puede recaer únicamente en el vecino. Hay un factor interno, quizás más determinante, que pesa como una losa sobre Salta. La gestión turística provincial, liderada por Manuela Arancibia, acumula críticas y señalamientos por su poca efectividad.

La gestión de Manuela Arancibia atraviesa una tormenta perfecta. A los problemas estructurales de promoción y desarrollo, ahora se suma este desplome gravísimo en las reservas hoteleras y la asistencia a los principales atractivos. La caída libre de la ocupación es el reflejo más tangible de un fracaso administrativo.

El turismo en Salta, a punto de desaparecer

Este nuevo revés hunde más a una provincia que necesita desesperadamente recuperar su impulso turístico. Cada punto porcentual perdido es una ventaja que se le otorga a Jujuy, el competidor directo que no desaprovecha la oportunidad.

La sombra sobre Manuela Arancibia no es nueva ni se limita a la ineficacia. Hace tiempo, un hecho grave salpicó su gestión. Sergio Chibán, titular de la Agencia de Deportes de Salta, la acusó públicamente de «chorear» diez millones de pesos. Una denuncia explosiva, proveniente de otro funcionario del mismo gobierno. En cualquier provincia normal, semejante acusación hubiera detonado un escándalo político de enorme magnitud. La exigencia de investigaciones profundas y renuncias inmediatas habría sido unánime.

Pero Salta no parece funcionar con esas reglas. Gracias a una Justicia lenta, condescendiente o simplemente ineficaz, sumado al poder político que ampara y a ciertos medios de comunicación financiados con la pauta oficial, la causa contra Manuela Arancibia nunca alcanzó la resonancia que merecía.

El presunto desvío de diez millones de pesos públicos se fue diluyendo en el olvido administrativo y la desidia mediática. El escándalo fue acallado, minimizado. En un contexto democrático sano, ambos funcionarios probablemente habrían sido separados de sus cargos. Arancibia, sin embargo, sigue allí.

Un combo que hará explotar todo

La combinación es letal. Una gestión turística deficiente, que lleva a Salta a su peor arranque de temporada en años, se superpone a acusaciones gravísimas de corrupción que nunca fueron aclaradas debidamente ni tuvieron consecuencias políticas. El resultado es una provincia que se hunde en un pozo de desconfianza y pérdida de competitividad.

Jujuy avanza mientras Salta retrocede, carcomida por la mala administración y la impunidad. Ante este panorama desolador, la pregunta se impone con fuerza. ¿Hasta cuándo seguirá Manuela Arancibia al frente del turismo salteño? La supervivencia del sector, y su reputación, dependen de la respuesta. Otra temporada para el olvido se avecina, y la responsabilidad tiene nombre y apellido.