SALTA – La problemática del transporte en Salta ha cobrado relevancia, especialmente con la llegada de aplicaciones de movilidad como Uber y Didi. Este miércoles el convenio entre AMT y la Municipalidad, vuelve a tratarse en el Concejo Deliberante para ser ratificado junto con una ordenanza que busca igualar condiciones entre las plataformas y los antiguos licenciatarios de taxis y remises. En una entrevista de EL INTRA con Patricia Lang, representante del sector de taxistas, se abordan las demandas y desafíos que enfrenta la comunidad del transporte impropio en la ciudad.
Quieren saldar diferencias
Lang señala que uno de los problemas más críticos es la ineficacia de los controles por parte de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMT). “Los controles necesarios nunca estuvieron”, afirma, refiriéndose a la falta de acción contra los remises ilegales que operan en los barrios y a aquellos que provienen del interior para trabajar en la ciudad. A pesar de las normativas existentes, como la que distingue entre taxis y remises, su cumplimiento ha sido deficiente. Esta falta de regulación genera un ambiente de competencia desleal y perjudica a los trabajadores formales.
Patricia comenta acerca de la reunión con la Comisión de Tránsito, Transporte y Seguridad Vial, que mantuvieron este lunes, donde se presentó una solicitud para modificar y actualizar la ordenanza 12.277. Esta normativa, según Lang, debería adaptarse para proporcionar alivio a los trabajadores del sector. Se hace hincapié en la necesidad de reducir el tiempo de espera para la obtención de licencias, un punto crítico en un contexto donde las plataformas digitales han alterado el panorama del transporte. “El pedido que hoy hicimos al Concejo Deliberante es casualmente de que se modifique, se actualice la ordenanza”, explica, enfatizando la urgencia de una respuesta. Otro de los pedidos que retrasó la aprobación del nuevo convenio, es la diferencia en los años de antigüedad de los modelos en los autos.
¿Y los gremios?
Los “Popes” del mundo de los taxis como Carrizo, Saldaño o Alvarado, negocian por teléfono y a puertas cerradas con Darío Madile y Ferraris de la AMT para arreglar las condiciones de trabajo del sector.
Otro aspecto fundamental que menciona Lang es la fragmentación y falta de unidad entre los diferentes gremios de taxis. “Si ellos dicen ser representantes de los taxis, ¿por qué no estamos ahora todos juntos peleando contra todo este tema de la llegada de las aplicaciones?”, cuestiona, evidenciando la falta de cohesión en la lucha por los derechos de los trabajadores. La percepción de que algunos gremios están en silencio o incluso en complicidad con las plataformas digitales genera desconfianza y frustración entre los taxistas y remiseros.
Se destaca la necesidad de modificar la normativa para adaptarse a las nuevas realidades del transporte. “Con las aplicaciones se destruyó todo”, señala, argumentando que se deben establecer medidas claras para regular su funcionamiento y asegurar que cumplan con los mismos requisitos que los taxis y remises tradicionales. Esto incluye la obligación de registrarse ante la municipalidad y asegurar una cobertura de seguro adecuada para los pasajeros, un aspecto que actualmente no está garantizado.
Más oferta y menos plata
La precarización laboral que enfrentan los conductores de taxis es de las peores en las historia, “Un trabajador de taxi se está llevando 10.000 pesos por día como chofer, y tiene que trabajar mucho más de 16 horas”, revela Lang, resaltando las duras condiciones laborales. Esta situación se agrava con la competencia desleal de las aplicaciones, que muchas veces operan sin las mismas regulaciones y costos que los taxis tradicionales.
Si bien ya existen aproximadamente 4000 licencias operando en la calle, a eso debemos sumar los miles de vehículos que se han incorporado a la calle con las plataformas. Es un cálculo muy sencillo: si tenés más del doble de autos en servicio para la misma cantidad de pasajeros, los márgenes de ganancia van a ir en descenso.
Es evidente que la decisión de Emiliano Durand, de “regular” las plataformas de transporte, ha perjudicado severamente al sector. Hay desigualdad de condiciones, un crecimiento exponencial de la oferta que obliga a trabajar por migajas y una grave falta de seguridad para los pasajeros con los seguros. Todo esto apoyado con los históricos gremialistas del sector, quienes hoy se dice que ostentan licencias para su alquiler y ya prácticamente no se dedican a su labor de trabajadores del volante, sino más bien al lobby político, usando a choferes y propietarios de vehículos, como moneda de cambio en beneficio propio.