(Por Diego Nofal) Salta. La boleta de luz que llega a los hogares salteños ya no es solo un resumen de consumo energético, sino un verdadero compendio de tributos que haría palidecer a cualquier economista. Con un monto final de 95.178 pesos, esta factura se ha convertido en el termómetro perfecto para medir la fiebre recaudatoria que azota la provincia. Si uno se toma el trabajo de desgranar cada línea, descubrirá con asombro que el intendente Emiliano Durand se lleva una porción nada despreciable del pastel.
De los 95.178 pesos que el usuario debe desembolsar, la suma de las tasas municipales asciende a 54.203 pesos, lo que representa un contundente 56,9 por ciento del total de la factura. Este porcentaje incluye la Tasa Municipal de 44.614 pesos, la de Protección de Bienes y Personas de 1.216 pesos, más el Impuesto Inmobiliario de 8.449 y el mantenimiento del alumbrado público de 3.736, sin olvidar la Incidencia en Alumbrado Público de 8.198 que ya estaba contabilizada. Es decir, más de la mitad de lo que paga un salteño por su servicio eléctrico termina directamente en las arcas municipales que gestiona el actual intendente.
Mientras el gobierno nacional y provincial se llevan su parte a través del IVA y otros impuestos, la municipalidad de Salta se erige como el verdadero protagonista de esta factura. Durand, con su política de aumentos que algunos califican de agresiva, ha logrado que el ciudadano común financie gran parte del gasto público a través de un servicio esencial como la luz. El ciudadano, por su parte, solo atina a preguntarse si el alumbrado público que paga con tanto esmero es de oro macizo o si la protección de bienes y personas incluye un seguro contra la propia factura.
El cobrador perfecto
La gestión municipal parece haber encontrado en la boleta de EDESA el cobrador perfecto, aquel que no admite reclamos ni demoras en el pago. Con un 56,9 por ciento del costo final destinado a tributos locales, la pregunta que flota en el ambiente es si el intendente Durand no estará confundiendo su rol con el de un recaudador de impuestos a tiempo completo. Los salteños, mientras tanto, siguen pagando y sonriendo, porque ya se sabe que en esta ciudad hasta la luz tiene un impuesto a la esperanza.
Si se compara este porcentaje con el de otras ciudades del país, Salta se ubica entre los distritos con mayor presión tributaria oculta en los servicios públicos. El ciudadano promedio no tiene forma de evadir estas tasas porque vienen incluidas en un servicio monopólico y de necesidad básica, lo que garantiza una recaudación casi perfecta para el municipio. Durand, al mantener estas tasas sin una discusión presupuestaria visible, logra que el contribuyente financie obras y gastos corrientes sin que medie un debate legislativo claro sobre el destino de esos fondos.
El verdadero problema no es el monto en sí mismo, sino la opacidad con la que se aplican estos cargos dentro de una factura que el usuario apenas alcanza a leer por completo. Muchos salteños desconocen que más de la mitad de lo que abonan no tiene relación directa con el consumo de electricidad o agua, sino con decisiones políticas tomadas en el Palacio Municipal. Hasta que no exista una exigencia ciudadana de facturación separada y detallada, el intendente Emiliano Durand seguirá cobrando su parte sin que nadie pueda hacer mucho más que quejarse en las redes sociales.