(SALTA).- (Por Federico Mena Saravia).- Se va una semana llena de operetas, rumores y movimientos cada vez más difíciles de disimular. La posible re reelección de Gustavo Sáenz puso en marcha todo el andamiaje de quienes se consideran sus sucesores naturales y pretenden competir por la Gobernación.
El único que camina sin demasiadas dudas es el propio Sáenz. Sus funcionarios, su entorno más cercano, la oposición y buena parte del círculo rojo salteño viven pendientes de sus movimientos. Nadie sabe exactamente cuál será su lugar en el próximo esquema de poder. Por eso, cada declaración, cada silencio y cada fotografía pública se interpretan como una señal.
La clave estará en la elección del candidato a vicegobernador. En algún momento se mencionó a Julio San Millán, hoy al frente del PJ salteño. Ignacio Jarsún también habría recibido la promesa de que sería el elegido. Flavia Royón juega su propia ficha, respaldada por un supuesto pedido de Sergio Massa, y también opera mediante algunos medios de Buenos Aires. Cuando hablamos de operaciones políticas, no nos referimos precisamente a movimientos gratuitos: detrás de esas campañas suele haber recursos, intereses y alguien dispuesto a pagar la cuenta. La versión encuentra sustento en la conocida amistad y afinidad política entre Sáenz y el exministro de Economía.
En la lista también aparece Franco Hernández Berni, intendente de Tartagal. Su principal fortaleza es territorial: podría aportarle a la fórmula los votos del norte provincial, una región decisiva y muchas veces relegada en los armados diseñados desde la Capital. Entre esos nombres estaría el próximo compañero de fórmula del gobernador.
La elección del vice no es un asunto decorativo. Si la Corte Suprema decide avanzar sobre las causas relacionadas con las re reelecciones en Tucumán, Catamarca y Salta, quien ocupe ese lugar podría garantizar la continuidad del saencismo y una retirada tranquila de Gustavo Sáenz. Allí reside buena parte del nerviosismo que atraviesa al oficialismo.
En los despachos políticos también circula una versión delicada: el Gobierno nacional les habría asegurado a Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz que avanzaran con sus re reelecciones porque la Corte no fallaría en su contra. Aunque se trata de situaciones jurídicas y constitucionales diferentes, esa supuesta garantía habría servido para mantener apalabrados a los gobernadores y alentarlos a intentar nuevamente sus candidaturas. La decisión final, desde luego, seguirá en manos de la Justicia.
Emiliano Durand también contribuyó a convulsionar la semana con sus declaraciones y con algunas operetas lanzadas desde Buenos Aires que, como todo el mundo sabe, difícilmente sean gratuitas. Ayer tuvo que ensayar una demostración obligatoria de lealtad: apareció junto al gobernador en una plaza, reconoció públicamente que los fondos provenían de la Provincia y repitió que las obras se hacen “con Gustavo”.
La realidad es sencilla. Buena parte del dinero con el que Durand sostiene las obras municipales llega desde el Gobierno provincial. La sociedad, por ahora, les conviene a los dos. Sáenz necesita que el intendente realice una elección fuerte en la Capital y Durand necesita de Sáenz para conservar recursos, obras y volumen político. Se necesitan, aunque cada uno deteste al otro.
Quienes queden descartados de la pelea por la sucesión provincial buscarán algún lugar desde donde sobrevivir. Algunos podrían terminar compitiendo con Emiliano Durand dentro del nuevo esquema electoral. La llamada ley de lemas —o su versión salteña, bautizada con otro nombre— fue impulsada por el Gobierno para acumular votos mediante distintas candidaturas y colectoras alrededor de la posible postulación de Gustavo Sáenz.
Una oposición partida y un escenario de tercios
En La Libertad Avanza también se libra una pelea silenciosa. Emilia Orozco encabeza las encuestas y es la dirigente libertaria con mayor intención de voto en Salta. Sin embargo, un supuesto acuerdo entre Gustavo Sáenz y el Gobierno nacional podría dejarla fuera de la candidatura a gobernadora.
El elegido sería Alfredo Olmedo, quien se encuentra muy, muy por debajo de Emilia Orozco en intención de voto. Su postulación, lejos de poner en riesgo al oficialismo provincial, terminaría garantizando un eventual triunfo de Gustavo Sáenz. De ese modo, la candidata más competitiva sería desplazada para favorecer una alternativa funcional al saencismo.
Por otro lado, Emiliano Estrada y Juan Manuel Urtubey continúan recorriendo la provincia y ensayando una construcción política propia. Si esos sectores conservan un caudal electoral competitivo, Salta podría encaminarse hacia una elección dividida en tercios.
La gran incógnita es cómo jugará La Libertad Avanza si la Corte dicta una resolución desfavorable para Gustavo Sáenz. En ese caso, el escenario cambiaría por completo: el oficialismo debería encontrar rápidamente otro candidato y la oposición tendría que decidir si aprovecha la crisis o termina fragmentándose en beneficio del propio saencismo.
Por eso, la discusión no pasa solamente por saber quién quiere ser gobernador. La verdadera pelea consiste en conocer a quién elegirá Sáenz como compañero de fórmula, quién podría terminar heredando el poder y hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno nacional para ordenar una elección que, por ahora, promete dividir a Salta en tres