(SALTA).- (Por Diego Nofal).- El ministro de Salud Pública, Federico Mangione, ha decidido transformar un conflicto salarial con los médicos anestesistas en una batalla judicial que nadie gana y que deja a los pacientes como rehenes de una pulseada política innecesaria. La amenaza de recurrir a la Justicia suena más a un gesto de endurecimiento comunicacional que a una estrategia seria para destrabar un problema que ya cumplió demasiados días sin solución concreta.
Los anestesistas reclaman pagos atrasados y una actualización de honorarios que consideran justa, mientras el ministerio reconoce deudas pero cuestiona los montos y los períodos reclamados por la entidad profesional. En lugar de sentarse a negociar con seriedad, el funcionario prefiere victimizarse públicamente y hablar de extorsión, como si los profesionales de la salud fueran delincuentes y no trabajadores que reclaman por sus ingresos deteriorados por la inflación.
Las cirugías programadas siguen suspendidas en los hospitales públicos de la Capital y del interior provincial, y solo se atienden urgencias, lo que significa que cientos de salteños ven postergadas sus operaciones sin una fecha cierta de resolución. El propio Mangione admitió que la situación está agravando las demoras quirúrgicas, pero lejos de asumir su responsabilidad en la gestión del conflicto, prefiere pedirle paciencia a los pacientes y culpar a los médicos por el daño ocasionado.
La estrategia oficial de judicializar el conflicto es un reconocimiento tácito de la incapacidad del gobierno provincial para resolver un problema que debería haberse atendido mucho antes de que escalara a este punto. Un ministerio que amenaza con ir a la Justicia en lugar de pagar lo que debe y sentarse a discutir honorarios con los representantes de los anestesistas demuestra una preocupante falta de vocación dialógica y una peligrosa tendencia a la confrontación estéril.
Resulta llamativo que el gobierno que dirige Gustavo Sáenz haya encontrado tiempo y recursos para otras prioridades mientras el sistema sanitario provincial se desangra lentamente por un conflicto que afecta directamente a los sectores más vulnerables. La salud pública no puede ser rehén de una pulseada entre funcionarios que se niegan a reconocer sus errores y profesionales que llevan meses esperando respuestas concretas a reclamos legítimos y sostenidos en el tiempo.
Es menesteres un Ministerio de Salud que dialogue, que pague a tiempo, que reconozca sus falencias y que priorice la atención de los pacientes por encima de las vanidades personales y las disputas de poder. Mientras Mangione insiste en su postura confrontativa, los quirófanos permanecen vacíos y las listas de espera siguen creciendo, y esa es la única verdad que realmente debería importarle a un funcionario que juró velar por el bienestar de todos los salteños.





