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Opinión

Ignacio Lupión: anuncio sobre bioetanol que suena más a discurso que a política industrial

El ministro salteño propone impulsar el sector, pero el artículo cuestiona la falta de plazos, incentivos y medidas concretas para atraer inversiones.

Ignacio Lupión

(SALTA).- (Por Diego Nofal).- El ministro de Producción y Minería, Ignacio Lupión, ha anunciado con bombos y platillos que la provincia busca inversiones para transformar la producción primaria y pasar de exportar maíz a exportar bioetanol con valor agregado. La idea es correcta en teoría, pero el anuncio carece de un plan concreto, de plazos definidos y de una estrategia clara para atraer a los inversores que, según el propio funcionario, deberían llegar desde Europa y otras potencias mundiales para hacer realidad ese círculo virtuoso que tanto pregona.

La provincia tiene un potencial enorme para industrializar el maíz y producir bioetanol, aprovechando el subproducto conocido como burlanda para alimentar al ganado y cerrar un circuito productivo que generaría empleo y divisas. Sin embargo, el gobierno de Gustavo Sáenz lleva años hablando de agregar valor en origen y de dejar de ser una provincia exportadora de materias primas, pero los resultados concretos brillan por su ausencia y las inversiones transformadoras siguen esperando una señal clara del sector público.

El bioetanol es un sector que enfrenta desafíos importantes, como el precio congelado desde hace un año y la competencia del lobby petrolero, que presiona para mantener sus privilegios y obstaculiza el desarrollo de los biocombustibles. En lugar de asumir una posición firme de defensa de los intereses de los productores salteños, el Gobierno provincial se limita a declamar buenas intenciones y a participar en foros y reuniones donde se repiten los mismos diagnósticos de siempre sin que se traduzcan en medidas concretas.

La política industrial requiere algo más que discursos y reuniones con empresarios y funcionarios nacionales, y el gobierno de Sáenz parece no haber entendido que la transformación productiva exige incentivos fiscales, financiamiento accesible, infraestructura adecuada y una estrategia de largo plazo que trascienda los ciclos electorales. Lupión habla de un «círculo virtuoso» que suena muy bien en los titulares, pero la realidad es que los productores salteños siguen esperando señales concretas que les permitan invertir con confianza en la industrialización de sus materias primas.

El riesgo de este tipo de anuncios es que generan expectativas que luego no se cumplen y terminan profundizando la desconfianza de los actores productivos hacia un gobierno que promete mucho y concreta poco. La provincia tiene todo para dar el salto hacia una economía más diversificada y con mayor valor agregado, pero necesita un liderazgo político que tome decisiones valientes y que no se conforme con la retórica del desarrollo y la innovación.

Mientras Lupión imagina un futuro de bioetanol y carne salteña con valor agregado, los productores de maíz siguen cargando sus granos en camiones que recorren cientos de kilómetros para exportar materia prima sin transformar, y esa distancia entre el discurso oficial y la realidad productiva es la mejor medida de la brecha que separa las promesas del gobierno provincial de las necesidades concretas del aparato productivo salteño.

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