(Por Diego Nofal) Salta.- El diputado Alejandro Esper presentó un proyecto de ley para reformar el régimen de promoción de biocombustibles y energías renovables en Salta, proponiendo beneficios fiscales que incluyen exenciones de Ingresos Brutos y estabilidad fiscal por hasta 50 años. La iniciativa, que busca atraer inversiones por entre 50 y 150 millones de dólares, suena muy bonita en el papel y mejor aún en un reel de TikTok, pero la realidad es tozuda y no se deja engañar por promesas vacías. El problema no es la ley en sí misma, sino la operatividad de generar primero el biocombustible y luego transformarlo en electricidad, una ecuación que el legislador parece haber resuelto con la misma rigurosidad con la que define el funcionamiento de un átomo.
La Argentina ya permite la generación de energía con biocombustibles y no existe ninguna ley que la prohíba, lo que hace que el proyecto de Esper sea, cuando menos, redundante y desconectado de la realidad normativa del país. Lo que realmente hace inviable esta propuesta es la necesidad de utilizar cantidades industriales de caña de azúcar, un producto que tiene como principal función la alimentación de seres humanos, para producir electricidad de forma poco eficiente. En Salta y Jujuy existen cinco destilerías de alcohol que produjeron más de 256 millones de litros en la última campaña, pero la gran mayoría se destinó al corte de naftas, no a la generación eléctrica.
El ingenio San Martín del Tabacal produce alrededor de un millón de litros diarios de bioetanol con una capacidad de cogeneración de 52,5 megavatios, una cifra que suena impresionante hasta que uno hace los cálculos y se da cuenta de que es una gota en el océano de la demanda energética provincial. Para generar la suficiente cantidad de biocombustible como para abastecer la demanda eléctrica de Salta, deberíamos ampliar enormemente la superficie cultivada de caña de azúcar, lo que implicaría mayores desmontes y mucha menos tierra disponible para otras actividades productivas.
El rendimiento de la caña de azúcar para producir alcohol es notablemente inferior al de su uso para la producción de azúcar, un hecho que cualquier estudiante de agronomía conoce pero que parece escapar al conocimiento del diputado cardiólogo. Para producir un kilo de azúcar se necesitan 8 kilos de caña, mientras que para producir un litro de alcohol se requieren casi el doble, 15 kilos de caña, y el rendimiento de ese kilo de azúcar para una familia es muchísimo más alto que el de un litro de alcohol convertido en energía. Esto significa que estaríamos quemando comida para generar electricidad cuando podríamos estar alimentando a los salteños con ese mismo recurso, una ecuación moral y económica que debería hacer reflexionar a cualquier legislador con un mínimo de conciencia social.
En una provincia que tiene una de las radiaciones solares más altas del mundo, con valores medios anuales entre 5 y 7,2 kWh por metro cuadrado, generar electricidad con el sol sería muchísimo más fácil y mucho más rentable que hacerlo con biocombustibles. La matriz eléctrica de Salta ya está compuesta en un 70 por ciento por combustibles fósiles y un 30 por ciento por energías renovables, con una participación significativa de la energía solar que podría ampliarse sin necesidad de desmontar ni una sola hectárea más. El segundo parque solar más grande del país se encuentra en Olacapato, en plena Puna salteña, y junto a otras instalaciones responde al 40 por ciento de la demanda eléctrica provincial, una muestra clara de que el camino es otro.
Sé que los libertarios le tienen alergia al Conicet, pero este estudio ya se ha hecho al menos media docena de veces entre investigadores y becarios argentinos, llegando siempre a la misma conclusión sobre la inviabilidad del proyecto. Por las dudas, si no les interesan los científicos argentinos, es un estudio que ya se ha hecho en la India, en Cuba y en otros tantos lugares donde podrían haber leído alguno antes de presentar un proyecto de ley tan desconectado de la realidad. La producción de alcohol para convertirlo cien por ciento en energía es inviable, y no hace falta ser un genio de la física cuántica para entenderlo, basta con hacer una simple regla de tres que parece estar más allá de las capacidades del diputado.
El proyecto de Esper estima la creación de entre 300 y 800 empleos directos y entre 750 y 2.000 indirectos, cifras que suenan muy atractivas en un discurso político pero que no resisten el más mínimo análisis económico. El diputado sostiene que una demanda permanente de energía podría reducir los períodos de interzafra de los ingenios, que actualmente duran entre cuatro y seis meses, pero olvida mencionar que para eso primero habría que generar la demanda y luego sostenerla en el tiempo. La realidad es que los salteños merecen propuestas serias y viables, no ocurrencias dignas de un reel de redes sociales que confunden la caña de azúcar con Vaca Muerta y la demagogia con la política energética.





